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CÓMO DEBE RESPONDER LA IZQUIERDA A LA INVASIÓN RUSA

Mar 19, 2022

No seas tanky: cómo debe responder la izquierda a la invasión rusa en Ucrania

Por Roane Carey

Con la invasión masiva de Ucrania por parte de Rusia en tres flancos, el presidente ruso, Vladímir Putin, parece decidido a derrocar al gobierno ucraniano e instalar un régimen títere. Si persiste en esta locura de agresión imperialista, provocará una catástrofe no solo para Ucrania, sino también para Rusia y toda Europa, y tal vez incluso para el mundo entero. Con sus fuerzas rodeando Kyiv, pero empantanadas tras cinco días de fuertes combates, Putin ha puesto en estado de alerta las fuerzas nucleares rusas.

Rusos en contra de la invasión

Quien se considere de izquierdas, dondequiera que viva y cualquiera que sea su nacionalidad, tiene ahora el deber de apoyar al pueblo de Ucrania en su resistencia al terrorismo de Estado ruso y a los miles de ciudadanas y ciudadanos rusos que tienen la valentía de manifestarse contra la guerra en docenas de ciudades a lo largo y ancho de su país.

Si te opusiste al ataque criminal de EE UU contra Irak en 2003, ahora tienes que oponerte a este ataque criminal contra Ucrania. No solo lo exige la coherencia, sino también un mínimo de decencia y solidaridad humana. La guerra de Putin constituye una flagrante violación del derecho internacional frente a un país independiente que no representa ninguna amenaza para Rusia.

La solidaridad con la gente oprimida ‒independientemente de su raza, religión, nacionalidad, género, etc.‒ debe ser la fuerza motriz de toda política de izquierda si pretende tener algún valor ético. Lamentablemente, una fracción pequeña, pero ruidosa, que dice ser de izquierda y antiimperialista, ha venido respaldando durante años a dictaduras profundamente opresoras en todo el mundo, desde la de Bachar al Asad en Siria, quien declaró la guerra a su propio pueblo, hasta el gobierno chino, que ha encerrado a la fuerza a un millón de musulmanes uigures en campos de internamiento, pasando por la de Daniel Ortega en Nicaragua, quien abandonó la izquierda hace muchos años y ahora gobierna en su país como dictador de derechas.

Esos seudoizquierdistas ‒a veces llamados tankies, un nombre que se deriva de una anterior generación de grupos de izquierda occidentales que apoyaron la invasión soviética de Hungría en 1956‒ también defienden hoy la acción de Rusia. Otros comentaristas, como Gilbert Achcar y Dan la Botz, han explicado en detalle los orígenes de esta gente, pero el elemento clave de la mentalidad tanky es la idea simplista de que únicamente EE UU puede ser imperialista y que por tanto hay que apoyar a cualquier país que se oponga a EE UU.

Como dijo la escritora y activista de derechos humanos Leila al Shami hace unos años, “la izquierda profascista parece estar ciega ante toda forma de imperialismo que no es de origen occidental. Combina políticas identitarias con egoísmo. Todo lo que ocurre se ve a través del cristal de lo que significa para la gente de Occidente; solo los hombres blancos tienen el poder de hacer historia.”

En el contexto actual, los tankies defienden directamente o justifican a Putin y a Rusia a pesar de que su gobierno es profundamente corrupto, un régimen capitalista de amiguetes dirigido por un matón que asesina a sus rivales políticos. Los tankies suelen ser correctamente críticos y escépticos con respecto al imperio estadounidense, pero no aplican la misma actitud crítica a Rusia. Se vuelven crédulos e ingenuos cuando tratan con portavoces rusos y su narrativa.

Sería tentadoramente sencillo hacer caso omiso de la gente tanky, pero tenemos que rechazarla. Si no lo hacemos, seguirán manchando el nombre de la izquierda, especialmente entre las personas que combaten contra los regímenes represivos, que a menudo suponen que los tankies nos representan a todas y todos y por tanto se sienten traicionadas por la izquierda occidental.

Lo que no reconocen los tankies es que el régimen de Putin es tan profundamente reaccionario en lo social como represivo en el terreno político. Por eso los extremistas de derechas de Europa occidental y EE UU, incluidos Tucker Carlson y Steve Bannon, le han aplaudido, y grupos neonazis lo han ensalzado por considerarlo salvador de la raza blanca. Al apoyar a Putin, los tankies se asimilan a la extrema derecha.

Invasión a Ucrania como respuesta a la expansión de la OTAN

Al igual que los dirigentes estadounidenses cuando emprenden aventuras imperialistas, Putin no contempla su invasión como una guerra ilegal. En un largo ensayo resumido el año pasado, alegó que Rusia y Ucrania constituyen “un mismo pueblo, un mismo conjunto” y criticó la configuración por parte de Lenin de la Unión Soviética como una federación de repúblicas iguales, en la que cada una de ellas tenía el derecho de secesión.

Los bolcheviques, afirmó Putin, “robaron” a Rusia. Escribió que “la verdadera soberanía de Ucrania solo es posible en asociación con Rusia”. El mensaje no podía ser más claro: Ucrania no tiene derecho a la plena independencia, sino que pertenece a Rusia. Esta política hacia Ucrania recuerda más al chovinismo gran ruso del siglo XIX que cualquiera otra cosa.

Putin elevó esta retórica a la locura cuando ordenó la “operación militar especial” de Rusia. Acusó absurdamente a Ucrania de cometer “genocidio” en regiones del este del país, donde la lengua rusa es mayoritaria y tienen su base de apoyo los separatistas.

Putin calificó el gobierno ucraniano de “junta” dirigida por una “banda de drogadictos y neonazis”, y declaró que el objetivo de la invasión era “desmilitarizar y desnazificar Ucrania”. ¿Ucrania gobernada por nazis? El presidente, Volodymyr Zelensky, quien fue elegido en 2019 por una mayoría aplastante, es judío y familiares suyos fueron víctimas del holocausto. Aunque existen milicias fascistas en Ucrania, como las hay en EE UU y otros países occidentales, el pueblo ucraniano ha rechazado repetida y decisivamente a los neonazis y extremistas de derechas en las urnas.

La responsabilidad de esta guerra la tiene Rusia y solo Rusia, pero esto no debe ocultar el dato de que la OTAN, dirigida por EE UU, sentó las bases de la confrontación con una serie de pasos en falso tras el colapso de la Unión Soviética, provocaciones que alimentaron el resentimiento de Rusia y sus temores de verse rodeada por Occidente.

Expansión de la OTAN

Primero vino la desacertada expansión de la OTAN a finales de la década de 1990, que no solo fue criticada por la izquierda, sino también por una larga lista impresionante de antiguos protagonistas de la guerra fría como George Kennan, Richard Pipes, Sam Nunn y muchos más.

Occidente tuvo la oportunidad de reordenar la arquitectura de seguridad europea de manera que incluyera a Rusia en los niveles más altos tras la caída de la Unión Soviética. En vez de ello, bajo la presidencia de Bill Clinton, emprendió la expansión hacia el este de la OTAN, una organización construida bajo la premisa del enfrentamiento con Rusia

Aún más desacertada fue la promesa occidental, en 2008, de incorporar a Ucrania y Georgia en la OTAN. Como ha dicho Anatol Lieven, un experto en Rusia del Quincy Institute, en una reciente entrevista: “Nunca hemos tenido la menor intención de defender a Ucrania, ni la más mínima.”

La declaración de la OTAN, afirma, fue “profundamente inmoral” por su vacuidad. El actual director de la CIA nombrado por Joe Biden, William Burns, veterano experto en Rusia que antiguamente había trabajado en el Departamento de Estado, ha criticado durante mucho tiempo ambas provocaciones, por última vez en un informe publicado hace pocos años. Incluso el columnista del New York Times Thomas Friedman, ese fanfarrón que no hace más que propagar tópicos pomposos y repetir como un loro las opiniones del establishment, ha señalado que, en este desastre en curso, “EE UU y la OTAN no son meros espectadores inocentes”.

¿Ya ahora qué? Hemos de exigir la completa retirada incondicional de las tropas rusas de Ucrania, y debemos insistir en que EE UU y la OTAN cumplan sus promesas públicas de no implicarse militarmente en el conflicto de forma directa. Algunas de las sanciones pueden perjudicar más a la población rusa que a su gobierno; la congelación de las reservas de divisas de Rusia en el extranjero puede poner de rodillas toda la economía rusa. En cambio, la congelación del dinero acumulado secretamente por rusos ricos en cuentas extranjeras ‒que algunos economistas cifran en nada menos que el 85 % del PIB del país‒ sería una buena manera de golpear de cerca a Putin y los oligarcas que le rodean.

Para la izquierda, la solidaridad con el pueblo ucraniano asediado por las tropas rusas es igual de vital que la solidaridad del pueblo palestino víctima del apartheid israelí, con el pueblo yemení bombardeado por Arabia Saudí, aliada de EE UU, y con cualquier otro pueblo que combate contra regímenes opresores. Como dijo Martin Luther King Jr., la injusticia en cualquier lugar es una amenaza para la justicia en todas partes.

Fuente: The Intercept

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