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¿UNA INVASION DE UCRANIA?

Abr 3, 2022
Neonazis Ucranianos

¿Una invasión de Ucrania?

Por Alberto Pérez Schoelly

Finalmente, el 23 de febrero el gobierno de Rusia anunció una “operación militar especial” en Ucrania, después de que llevamos viendo durante cuatro meses la escalada de declaraciones de la Unión Europea, la OTAN, Estados Unidos, Ucrania y Rusia, sobre la “inminencia” de una invasión rusa a Ucrania. Lo que los medios internacionales masivos de comunicación omiten convenientemente son datos relevantes como los siguientes:

Ucrania, antes del 24 de agosto de 1991, no existía como nación independiente. Esto lo pudo hacer una vez derrumbada la Unión Soviética en 1989. La creación de Ucrania como “república socialista soviética” se remonta a 1918, cuando Ucrania es integrada territorialmente por el gobierno bolchevique dirigido por Lenin y Trotsky para que formara parte de la confederación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. A partir de 1991, podría decirse que ha sido un fracaso como país independiente, tanto en lo económico como en lo social. El nivel de vida de la población no ha vuelto a ser el que tenía en la época soviética, de hecho ha ido bajando continuamente desde 1991, a diferencia de los otros países de Europa del Este que también decidieron retomar la senda del capitalismo en la era postsoviética (Ver https://datosmacro.expansion.com/paises/ucrania).

conflicto Rusia Ucrania en donbas

Gran parte de Ucrania (una extensa región oriental, que incluye al llamado Donbas y la península de Crimea) está conformada por población de origen ruso desde hace generaciones. Hay fuertes impulsos dentro de la población en favor de la independencia de estas regiones de Ucrania. Los unen grandes lazos culturales, de idioma y hasta familiares, con Rusia, no con Ucrania. Desde tiempos de los zares constituían parte del imperio ruso.

No es casual entonces que el gobierno central de Ucrania, en particular desde hace 8 años, haya dirigido una guerra contra estas regiones separatistas del Este, en una guerra “oculta” que ha generado ya más de 13,000 muertos. Desde 1990, esta ha sido la guerra más larga y cruenta de toda Europa. Cabe mencionar que los gobiernos ucranianos han mantenido este conflicto en bajo perfil.

En 2015, los Acuerdos de Minsk, en cuya firma participaron Rusia, Ucrania, Alemania, Francia, y los alzados de Donbas, se establecían lineamientos generales para superar la situación de guerra y regularizar de alguna manera la situación de las regiones separatistas, atendiendo a los deseos de la población. Los sucesivos gobiernos ucranianos no han respetado estos Acuerdos y han preferido acercarse a Estados Unidos, la UE y la OTAN, decidiendo finalmente que esos territorios deberían de seguir en su poder bajo cualquier medio y circunstancia. (Ver https://es.wikipedia.org/wiki/Protocolo_de_Minsk)

Los medios masivos internacionales, lejos de mostrar la realidad desde una perspectiva integral, se limitan a resaltar aspectos específicos del conflicto, todo lo cual conduce a presentar una información sesgada e incompleta del asunto en cuestión. Varias fuentes occidentales han intentado mostrar una realidad no completamente objetiva y realista de la situación imperante en la región este de Ucrania. Luego de las manifestaciones ocurridas en la Plaza Maidán de Kiev (octubre de 2013), producto de la negativa del entonces presidente Víctor Yanukovich de firmar el Pacto de Asociación con la Unión Europea, se inició un proceso de enfrentamientos dentro de la sociedad ucraniana.

La atmósfera política interna se polarizó y tensó como nunca antes y fue instaurado un nuevo gobierno de facto que nunca llegó a tener las credenciales necesarias, ni las facultades pertinentes para avanzar en el proceso de negociación y de pacificación nacional. Por el contrario, los representantes del nuevo gobierno interino encabezado por el primer ministro Aleksander Turchinov radicalizaron las posturas de condena contra el expresidente Yanukovich, así como las acusaciones a Rusia por apoyar los procesos secesionistas en el Este del país.

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Sin embargo, las violaciones a los derechos humanos de los ciudadanos que se opusieron al gobierno interino de Kiev en los territorios del Este por parte del nuevo gobierno fueron acalladas en los medios de información nacionales. La conformación de las tropas del nuevo ejército nacional, conocido también como Guardia Nacional, demostró la parcialidad de las nuevas autoridades de Kiev al favorecer la incorporación en sus filas a jóvenes de abierta tendencia neofascista y miembros del conocido grupo Pravyi Sektor (Sector de Derecha), cuyo propósito no era tanto restablecer la paz y el orden en las regiones en conflicto, sino más bien recuperar las ciudades del Este que se habían convertido en el cuartel general de las fuerzas rebeldes separatistas.

Estas fuerzas pro-rusas se autodenominaban “milicias de autodefensa” y reclamaban la separación definitiva o, en algunos casos, una federalización del país. De tal forma, se iniciaba un conflicto interno sin precedentes en la vida moderna de Ucrania.

A partir de octubre del año 2013, Ucrania se convierte en la prioridad de la política exterior de Rusia, no solamente en el marco del llamado “cercano extranjero” (blizhnii zaruviezh), sino también dentro de la política exterior global del Estado ruso. El término “cercano extranjero” fue dado a conocer durante la década de 1990 para identificar a los países que habían formado parte de la Unión Soviética hasta el año 1991.

La abrupta reacción de Moscú ante los hechos ocurridos en Ucrania no debe resultar una sorpresa ni una improvisación, pues en los postulados y concepto de política exterior adoptados en los años 1999, 2008 y 2013, así como en las doctrinas de defensa y nuclear rusas, se contemplaban situaciones hipotéticas de inestabilidad y conflicto similares a las registradas en Ucrania y que eran consideradas como una amenaza a la seguridad nacional. Durante todos estos años, se ha mantenido una línea realista, nacionalista, pero también pragmática dentro de la política exterior y de seguridad nacional de Rusia. (Ver sobre este tema el libro de Pablo Telman Sánchez Ramírez, Razón y poder: Rusia, una potencia en el siglo XXI, México, Miguel Ángel Porrúa / Tecnológico de Monterrey, 2005).

Lo que hemos podido observar en estos meses es que Vladimir Putin actúa como un consumado ajedrecista. Hasta ahora ha estado moviendo sus piezas con precisión. Putin, a diferencia de sus colegas occidentales, nunca ha sido parlamentario, congresista o gobernador de alguna provincia. Proviene de las cañerías de la KGB, a donde llegó a obtener el grado de general. Si en algo es experto, es en el arte de dominar la táctica y la estrategia militares.

Por cierto que un axioma de la guerra es que, cuando vas a atacar, nunca avisas que lo vas a hacer. Putin movilizó a miles de sus tropas hacia la frontera de Ucrania durante semanas, incluso televisaba esos movimientos. ¿Por qué lo haría? -preguntarán ustedes- pues por la sencilla razón de que quería que todo mundo lo viera, precisamente. En realidad Putin no tiene necesidad de atacar o invadir Ucrania. Por el momento, dos regiones se “independizaron” (Lugansk y Donetsk) y ya solicitaron que Rusia gentilmente les mande tropas para “pacificar” sus pequeños países. Putin accedió, por supuesto.

El asunto realmente importante no está ahí, sino en el gas que surte Rusia a Europa. Hoy en día, 40 por ciento del gas que consume Europa llega por ductos que cruzan Ucrania y también por el Mar Báltico (Nord Stream 1). Rusia ya construyó el Nord Stream 2, también en el Báltico, con lo que duplicará el abastecimiento de gas a Europa. A pesar de las bravatas de Francia y Alemania, la verdad es que Putin los tiene en un puño. Estados Unidos, como es obvio, lo que insiste desde hace tiempo con sus aliados de la OTAN es que se olviden del gas ruso y que mejor les compren a ellos su gas licuado que transporta en barcos a un mayor costo, o que lo traigan de Qatar.

Existe un asunto económico que es obviado en este conflicto. Por el tránsito de gas ruso a través del territorio ucraniano, Ucrania cobraba a Rusia el equivalente al 3.8 por ciento de su PIB. Ingresos nada despreciables. Con la construcción del gasoducto Nord Stream 2, Rusia ya evitó a Ucrania en el transporte del gas y, de esta manera, puede ahogarla económicamente. En 2017, de los 193 mil millones de metros cúbicos (bcm) del gas natural que la empresa estatal rusa Gazprom bombeó a Europa, 93 bcm, pasaron por Ucrania. (Ver Ariel Cohen, “Russia’s Nord Stream II pipeline is Ukraine’s worst nightmare”, Forbes, 18/VI/2018).

Rusia ya redujo su tránsito de gas a través de Ucrania de 93 bcm a 10-15 bcm, después del 31 de diciembre de 2019, cuando expiró el acuerdo sobre el tránsito de gas entre los dos países. Curiosamente, en esos momentos tanto EU como la OTAN redoblaron sus esfuerzos por integrar a Ucrania a la OTAN y a provocar a Rusia con diversas medidas. Bastante curioso que nada de eso salga en los medios noticiosos occidentales.

Así que yo creo que Putin, a un mínimo costo, ya se hizo de dos regiones importantes de Ucrania y creo que va por más. Cuando Putin mandó un mensaje a la nación, anunciando el envío de tropas, dijo que Ucrania fue una creación de Lenin, lo cual es cierto. Pero mintió convenientemente en todo lo demás. Lenin tenía muy en claro el respeto al derecho de las naciones a su autodeterminación. Después de la Revolución Rusa, en los extensos territorios del imperio zarista, la política bolchevique implicó hacer un fino trabajo político para mantener la unidad de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

Posteriormente, la burocracia soviética actuó de forma prepotente y autoritaria con varias regiones autónomas, esa fue una de las principales causas de la ruptura de Lenin con Stalin. En el artículo del 30 de diciembre de 1922, la “Cuestión de las Nacionalidades” o sobre “la autonomización”, Lenin criticó las acciones de Félix Dzerzhinski, Serge Ordzhonikidze y José Stalin, acusándolos de “gran chovinismo ruso” y se puede tener una idea de lo que significaba una política de las nacionalidades para el gobierno bolchevique. (Lenin, V. I. Obras Escogidas en tres tomos, Ed. Progreso Moscú 1966, Vol. 3, pp. 773-778).

No fue entonces Lenin sino Stalin –y el estalinismo posterior- el principal responsable de la opresión de las diversas nacionalidades dentro de la Unión Soviética y, por lo tanto, de su posterior estallido. En este mapa creo que queda muy claro por lo que va Putin, pero primero tiene que consolidar a Lugansk y Donetsk y después impulsará a los independentistas de las regiones que le faltan. Con la llegada del poderoso ejército ruso, impondrá su “paz” a sangre y fuego en estas dos repúblicas.

Las sanciones a Rusia saltaron como liebres desde Occidente, una vez que el Kremlin reconoció como independientes a las repúblicas de Lugansk y Donetsk, en Ucrania. Tal pareciera que estaban redactadas sobre el buró de los jefes de Estado o de Gobierno y, cuando aún Vladímir Putin no había terminado su discurso a la nación, se estaban enviando por todos los medios.

En noviembre pasado, Alemania tomó la decisión de paralizar o “suspender”, quizás indefinidamente, la certificación del Nord Stream 2 “El proceso de certificación permanece suspendido hasta que se complete la transferencia de los activos esenciales y los recursos humanos a la subsidiaria”, señalaba en un comunicado Alemania. Como señala en una entrevista al medio alemán Der Spiegel, Robert Habeck, ministro de Economía y Energía alemán, el gasoducto “siempre ha sido un proyecto geopolítico en el sentido de que con el nuevo gasoducto Ucrania ya no es necesario como país de paso. Esto va acompañado de preocupaciones en los intereses geopolíticos”.

El gasoducto Nord Stream 2, que se terminó en septiembre del año pasado, atraviesa el mar Báltico y conecta el mercado ruso con el interior de la UE (sin pasar por Ucrania) a través de 1,230 kilómetros por los que pueden circular 55, 000 millones de metros cúbicos de gas al año, duplicando la capacidad del otro conducto que ya está en funcionamiento, como recoge Gazprom, la empresa energética rusa encargada de su gestión.

La compañía subraya la importancia de esta infraestructura en un momento en el que “Europa vive un declive en la producción doméstica de gas, y un aumento en la demanda de gas importado”. La capacidad de este nuevo conducto equivale a lo necesario para abastecer a 26 millones de hogares, según la propia compañía Nord Stream 2.

Sin embargo, desde su origen, el gasoducto Nord Stream 2 ha generado controversia entre sus detractores, como Estados Unidos, que teme por el aumento de la influencia de Rusia y que llegó a imponer sanciones contra las empresas que participaron en la construcción del gasoducto bajo el argumento de que se trata de un proyecto geopolítico ruso destinado a dividir Europa y debilitar la seguridad energética europea, como señaló en marzo el secretario de Estado, Antony Blinken. La infraestructura también cuenta con detractores dentro de la Unión Europea, entre quienes consideran que esta vía aumenta la dependencia de Rusia.

Las tensiones bajaron un poco el 21 de julio cuando Estados Unidos y Alemania publicaron un comunicado conjunto en el que mostraban su apoyo a la soberanía de Ucrania y advertían de que tomarían medidas si Rusia intentaba hacer un uso político de la energía. “Este compromiso está diseñado para garantizar que Rusia no hará un mal uso de ningún oleoducto, incluido Nord Stream 2, para lograr fines políticos agresivos utilizando la energía como arma”, señalaron. Europa es el principal mercado de Rusia, que a su vez es el principal proveedor de Europa. El gas ruso representa más de un tercio de las importaciones de gas de la UE (37%), mientras que para Rusia, la UE representa el 85 por ciento de sus ventas, como registra BP en su informe anual de 2020.

Rusia es el país con más reservas de gas en el mundo, como recoge Worldometers, gracias a las instalaciones de la península de Yamal, en el norte de Rusia, que contiene unos 4.9 billones de metros cúbicos de reservas de gas, más del doble que todas las reservas de la UE (1.9 billones), según la compañía Nord Stream 2.

Ahora sigue el medio juego de la partida de ajedrez que inició en 2019. Ni Estados Unidos ni la Unión Europea se involucrarán militarmente en el conflicto. Rusia por su parte se concentrará en controlar los dos territorios de las “repúblicas populares” recién independizadas. No atacará al resto de Ucrania ni la invadirá. Seguirá manteniendo su influencia en las regiones ruso parlantes, y de ser posible provocará o reforzará a los movimientos separatistas o independentistas.

Una vez asentadas las aguas, Alemania certificará y abrirá a la operación el Nord Stream 2, con el apoyo de Francia. Si EU y la OTAN prefieren subir la presión con sanciones a Rusia nunca antes vistas, podríamos ver un acercamiento Rusia-China que podría significar el mayor cambio geopolítico del mundo desde 1989, lo cual también sucedería con la incorporación de Ucrania a la OTAN y/o la instalación de misiles nucleares en este país, lo cual es inaceptable totalmente por Rusia y no está sujeto a negociación. En alguien debe caber la prudencia, decían nuestras abuelas.

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