• jue. May 19th, 2022

morena

SMEPI

CHILE: CAMBIOS DEMOCRÁTICOS Y CONTEXTO LATINOAMERICANO

Abr 20, 2022

Chile: en el umbral de los cambios democráticos sustantivos y el contexto latinoamericano

Por Darío Salinas Figueredo

Pensar en las circunstancias actuales de Chile conduce inevitablemente a observar cómo el experimento neoliberal más exitoso de América Latina ha ingresado a su fase de derrumbe. Al hacerlo, es indispensable recordar que el derecho a la libre determinación del pueblo no existe en la Constitución de 1980, impuesta por la dictadura cívico-militar pinochetista, ni en las simuladas reformas concertacionistas del 2005 y las ulteriores. Ahora se encuentra abierta la posibilidad de construir el camino hacia las transformaciones soberanas y democráticas.

Gabriel Boric presidente de Chile

La obtención del gobierno de la coalición Apruebo Dignidad con Gabriel Boric en la presidencia es un hecho de enorme trascendencia para Chile, el continente y el mundo. Su concreción es la síntesis política de un largo y abigarrado camino de lucha y construcción de la unidad del pueblo, que registra entre sus grandes momentos la rebelión estudiantil del 2006, la del 2011 contra el lucro en la educación, las movilizaciones sociales y de los pueblos originarios configuradas desde las más diversas y justas demandas que tuvo un momento primordial en el estallido social del 2019.

Ese gran movimiento se enfrentó al asomo del neofascismo, al que derrotó en la segunda vuelta electoral, a la prédica sistemática de la desunión, al peso inercial de ese gran abismo difícil de escrutar en su verdadero significado y que constituye el abstencionismo, a las coartadas de la clase política, al peso de la despolitización y el espejismo de la sociedad de mercado, a la narrativa de que “votar no sirve”, y un largo etcétera de dificultades y amenazas múltiples.

En ese mismo caudal de experiencias se inscribe el triunfo en el plebiscito para una nueva Carta Magna y la instalación con mandato popular para la Convención Constitucional, encabezada en su primera etapa por Eliza Loncón Antileo, destacada dirigente de los pueblos originarios. Ambos procesos entrelazados, el gubernamental y el constituyente, no son un punto de llegada, sino el comienzo para visibilizar la dignidad de los pueblos, en su voluntad de lucha y congruencia con los objetivos de igualdad y compromiso democrático. Esta coyuntura significa también un momento de síntesis para la izquierda, desde su germinal articulación del Chile Digno, su desarrollo ampliado en la coalición del Apruebo Dignidad bajo el impulso del Frente Amplio, el Partido Comunista de Chile y la suma de fuerzas democráticas y allendendistas que la componen. Desde esta compleja amalgama se procesa el debate sobre las dificultades para construir y profundizar la unidad sin exclusiones, de las grandes mayorías populares que busca ser protagonista del programa gubernamental comprometido, cuya puesta marcha ya ha debido enfrentar y vencer todo tipo de obstáculos, infamias, amenazas y una feroz campaña anticomunista.

La clase política, de jerarcas acomodados, detentadores de riquezas y poderes facticos, no aceptará desde luego el desarrollo y la profundización del programa de gobierno.  Esta derecha conoce muy bien los verdaderos patios interiores del poder cuyos soportes fundamentales están intactos. Para la clase dominante lo que está en juego es la reproducción del modelo de sociedad. Desde la ancha y heterogénea franja opositora, de transversalidad democrática, popular, pluriclasista y multiidentitaria, la perspectiva tiene un trazo, contenidos y desafíos enormes, porque superar la realidad de este modelo requiere, como se ha visto, poner en tensión todas las fuerzas que posibilitaron el triunfo electoral y mucho más.

Chile Pinochet Fuerza armada

Un modelo que se impuso desde un golpe cívico-militar encabezada por Pinochet, que persiguió, proscribió partidos y sindicatos, torturó, desapareció y exilió, creando las condiciones de un verdadero laboratorio para el saqueo de las riquezas, el enriquecimiento de unos pocos y la miseria de muchos, convirtiendo al país en incondicional aliado de los designios de Washington que ha sido el promotor del derrocamiento de Salvador Allende. No hay que olvidar que fueron 17 años de dictadura militar y tres décadas de inocua transición, que han fortalecido las condiciones institucionales y culturales de reproducción del modelo que ha convertido a Chile en la sociedad más privatizada de la región.

-II-

Es importante sopesar que la pérdida de hegemonía de la derecha no significa que haya sido derrotada, ni que haya perdido su consistencia de bloque dominante en sus soportes internos y externos. Los pilares del poder, incluyendo esa maquinaria de guerra mediática, trituradora de conciencias, son de su completo dominio. Que no disponga de su antidemocrático recurso del veto en la Convención Constitucional, no le impide que siga promoviendo todo tipo de dificultades ante el ejercicio de la soberanía para las decisiones y las anticipadas condiciones promovidas para entorpecer el plebiscito de salida previsto para septiembre del presente año.

Aun así, en esa batalla homérica que cotidianamente se libra en la Constituyente, un eslabón de enorme significación, entre otras, todas estratégicas, fue la aprobación del “Estado Democrático y Social de Derecho”. Con ello han quedado reconocidos los derechos sociales, dejando atrás el “Estado Subsidiario” que impuso la derecha en dictadura. Paralelamente, el nuevo gobierno ha debido enfrentar no solo las vicisitudes de la ineludible curva de aprendizaje inicial, sino también la atmósfera de dificultades provocadas que envuelve su accionar desde el primer día. Su accionar desestabilizador sabe que el gobierno enfrenta un doble e inmediato desafío, la disputa por la conducción efectiva de un programa de gobierno, que cuenta con el consenso de la mayoría necesaria que lo condujo a la Moneda y, en camino paralelo, la necesidad inaplazable de convencer, desde la congruencia, en el desarrollo de una política institucional que genere credibilidad. 

Una dimensión que ha generado controversias ha sido la proyección de su política exterior, con opiniones vertidas desde posiciones preferenciales e inadecuadas distinciones sobre algunos gobiernos. Avivadas por supuesto de manera deliberada por la prensa de derecha, ha quedado la referencia de una distancia del gobierno con respecto a Nicaragua y Venezuela que, sin embargo, estuvieron protocolarmente representados en la ceremonia de cambio de mando, y en un registro distinto de valoración el gobierno de Cuba que para la ceremonia del 11 de marzo estuvo representado por su canciller Bruno Rodríguez Parrilla. Aquí no pasa desapercibida la figura política de quien asume la cancillería chilena, Antonia Urrejola, si se considera entre sus antecedentes la responsabilidad que le cupo en la Organización de Estados Americanos y ciertas expresiones de escaso rigor diplomático para externar sus preferencias.

Aun cuando queda por verse lineamientos y conductas más precisas, de un gobierno que apenas inicia, debe señalarse que el mayor aporte de los partidos de izquierda que forman parte de su estructura ministerial y presidencial será sin duda aquel que se desarrolle a la vez desde de un sentido de compromiso, independencia y congruencia ideológica. El Partido Comunista, con responsabilidades en distintas carteras ministeriales, por ejemplo, al igual que otras fuerzas, tiene plenamente vigente su política internacional de solidaridad con los pueblos y de rechazo a toda forma de intervención a nuestra soberanía.

Tampoco está, hay que decirlo, por suscribir la política de asedio, sanciones y bloqueos que caracteriza la conducta de Washington frente a gobiernos que no acatan sus designios. Es más importante que ayer esta trinchera de posiciones, en momentos en que se reacomoda el mapa político regional en favor de la unidad latinoamericana, el multilateralismo, la cooperación y donde aquella inservible posición de normalidad fundada en la subordinación ha sido consensualmente superada, en un contexto mundial en que se profundiza la crisis de la hegemonía estadounidense mientras asistimos a una portentosa disputa por el reordenamiento global.

Un día antes y en el marco de la toma de posesión del gobierno de Boric, organizado por los partidos de izquierda de Chile, en la Alcaldía de Recoleta, bajo responsabilidad de Daniel Jadue, tuvo lugar el Seminario Internacional “Construir alternativas al neoliberalismo, con la unidad e integración de los pueblos”, que desde luego no fue noticia para la prensa hegemónica. Significativo encuentro con representantes populares de nuestra región, de Europa y África que se reunió para compartir visiones, experiencias y desafíos desde el pensamiento crítico, el progresismo y la izquierda de nuestra Patria Grande. Destacable fue la presencia solidaria de Morena en este importante evento, representada por la valiosa participación de Marta García Alvarado, Xadeni Méndez Márquez y Leonel Falcón Guerra. México y Chile en tan significativo contexto pudieron refrendar sus históricos lazos de amistad y compartir los desafíos antineoliberales de este tiempo.

-III-

Más allá de etiquetas y las geometrías políticas que a veces afloran con demasiada premura, el compromiso del nuevo gobierno aparece con la instrumentación de su programa, que será seguramente el mejor índice de su gestión. El contenido de su plataforma se inscribe en el itinerario de una política antineoliberal, que contempla desmontar el sistema privado, trasnacional y monopólico de pensiones, fortalecer la soberanía sobre la explotación de minerales, como el cobre y el litio, generar un sistema universal de salud distinto al esquema privatizado que rige, avanzar en la equidad laboral con derechos plenos, instrumentar una profunda reforma tributaria, garantizar una perspectiva feminista de la sociedad,  generar cambios profundos en el modelo de desarrollo, dejando atrás el esquema extractivista para una pauta sustentable.

Parlamento de Chile

Queda claro, en cualquier caso, que, para su implementación, y dadas las correlaciones de fuerzas este año en el Parlamento, tanto en el Senado como en la Cámara Baja, no alcanzan los votos que favorezcan las leyes de reformas, lo que augura desde ahora un complejo y dificultoso camino de lucha hacia las transformaciones proyectadas. Ello explica la necesaria discusión sobre la ampliación las distintas esferas de gobiernos con el concurso de otras tiendas políticas que están más allá del Apruebo Dignidad, no para rebajar el contenido del programa empeñado con la ciudadanía, sino para avanzar en su viabilidad. 

A todo lo cual se yuxtapone el peso de un contexto internacional adverso para un país primario exportador que, entre otras repercusiones, ya está resintiendo en los precios reales de las mercancías de primera necesidad. Por otro lado, las proyecciones disponibles, derivadas de un cuadro económico críticos que venía desde antes, en un contexto de pandemia que por sus indicadores epidemiológicos está lejos de llegar a su fin, no son buenas y no auguran, en lo inmediato, que el crecimiento y las arcas fiscales proporcionen la solvencia requerida para responder a las inmensas demandas sociales que son urgentes. Esto reactiva la necesidad de avanzar en la reforma tributaria, que tiene que instrumentarse con impuestos a los ingresos situados en la cúspide más encumbrada de la pirámide social y con royalty minero, todo lo cual anticipa desde ya agudos conflictos y tensiones que requerirán del concurso activo de la movilización. Mientras tanto, va quedando claro la importancia estratégica de una nueva Carta Magna, toda vez que dentro del encuadre institucional actual muchas de las transformaciones simplemente no tienen cabida.

-IV-

A un mes de la toma de posesión y sin el menor ánimo de intentar un balance que sería prematuro, hay que decir que se han puesto de manifiesto algunas decisiones inmediatas importantes. La eliminación de las 139 querellas interpuesta por la Ley de Seguridad del Estado contra quienes participaron en el estallido social y que se encuentran en privados de su libertad. Otra decisión de enorme urgencia fue la derogación del Estado de Excepción en La Araucanía, planteando el diálogo político, que debe traducirse en estrategia, como mecanismo para enfrentar los graves e históricos problemas que afectan los pueblos originarios. En el mismo itinerario, se ha dado inició a la discusión con la Central Unitaria de Trabajadores sobre el sueldo mínimo y reanudado el proceso de aprobación en el Parlamento de la jornada laboral de las 40 horas. Estas y otras medidas dan una pauta de la voluntad política de llevar a cabo el programa de gobierno sin mayor dilación. 

Si solo dependiera de la gestión gubernamental, parlamentaria o presidencial, el horizonte de cambios probablemente sea muy vulnerable. Queda una senda abierta sobre el desarrollo deseable de una dinámica política articuladora, que sea capaz defender al gobierno y que al hacerlo impulse desde abajo una suma de fuerzas sustantivas con voluntad de vencer, lo cual -como es sabido- nunca podría ocurrir de manera espontánea. Hay coincidencia en Chile que lo que está en juego con el programa de gobierno de Gabriel Boric y el contenido del proceso deliberativo para una nueva Carta Magna en la Convención Constitucional es una disputa abierta por un proyecto de país, de continuidad o no del modelo neoliberal, lo cual torna inevitable un proceso de lucha entre fuerzas transformadoras y poderosos intereses dispuestos a impedir o retrotraer el desarrollo de los cambios democráticos.

Darío Salinas Figueredo

Profesor emérito de la Universidad Iberoamericana

Inicio

Deja un comentario